Cómo saber si lo que tengo es ansiedad
La diferencia entre estar nervioso y tener un problema de ansiedad, qué señales conviene mirar y en qué momento tiene sentido pedir ayuda profesional.
Elena Asensio Menchero
Psicóloga General Sanitaria · Col. M-36691
«Tengo ansiedad» se ha convertido en una frase que usamos para casi todo: para los nervios antes de una reunión, para el agobio de una semana complicada, para la tensión de una mala racha. Y está bien que se hable de ello. El problema es que, de tanto usarla, la expresión ha perdido filo, y mucha gente que sí tiene un problema clínico de ansiedad tarda años en identificarlo porque asume que lo que le pasa es «lo normal».
Así que vamos a poner algo de orden.
La ansiedad no es el enemigo
Empecemos por lo básico: la ansiedad es adaptativa. Es el sistema que te hace mirar antes de cruzar, preparar bien una presentación o reaccionar rápido ante un peligro. Una persona sin ninguna capacidad de sentir ansiedad no estaría mejor: estaría en riesgo.
Lo que convierte la ansiedad en un problema no es su presencia, sino tres cosas: la intensidad (la respuesta es desproporcionada respecto a lo que la dispara), la frecuencia (se activa demasiado a menudo o casi de continuo) y sobre todo la interferencia (te está condicionando decisiones, planes y vida).
El criterio que más peso tiene en la práctica clínica no es cuánto sufres, sino cuánto has empezado a renunciar.
Seis señales que conviene mirar de cerca
1. La preocupación no se apaga
No es preocuparse por algo concreto y dejar de hacerlo cuando se resuelve. Es una rumiación que salta de un tema a otro: el trabajo, la salud, el dinero, los hijos. Cuando se cierra una preocupación, el sistema engancha otra. Es especialmente reconocible por la noche, al acostarte, cuando por fin no hay nada que la distraiga.
2. El cuerpo lleva meses avisando
Tensión en la mandíbula y en los hombros, digestiones revueltas, taquicardias, sensación de nudo en la garganta, opresión en el pecho, falta de aire, mareos. Es muy frecuente llegar a consulta después de haber pasado por urgencias o por el médico de cabecera con todas las pruebas normales. Que las pruebas salgan bien no significa que no te pase nada: significa que lo que pasa no está en el corazón.
3. Has empezado a evitar
Esta es la señal más importante y la que más pasa desapercibida, porque se instala poco a poco. Dejar de coger el metro. Elegir siempre el asiento del pasillo. No ir a esa cena. Pedir que alguien te acompañe. Mirar dónde está el baño nada más entrar a un sitio. Cada evitación alivia en el momento, y cada evitación le enseña a tu cerebro que efectivamente ahí había peligro. Por eso el mapa se va estrechando.
4. Necesitas controlarlo todo
Planificar cada detalle, anticipar todos los escenarios posibles, revisar varias veces, pedir confirmación a los demás, buscar síntomas en internet. El control es un ansiolítico rapidísimo y de efecto muy corto: calma ahora y sube el listón para la próxima vez.
5. Aparecen episodios de pánico
Una crisis de pánico es una subida brusca de activación que alcanza su pico en pocos minutos: taquicardia, falta de aire, mareo, hormigueos, sensación de irrealidad y, casi siempre, el pensamiento de que te está pasando algo grave. No son peligrosas, aunque lo parezcan mucho. Lo que las convierte en un problema no es el episodio en sí, sino el miedo a que vuelva: ese miedo es el que organiza después toda la evitación.
6. Estás agotado
Mantener el sistema de alarma encendido consume una cantidad enorme de recursos. El cansancio de la ansiedad no se arregla durmiendo, y suele venir acompañado de irritabilidad y de dificultades de concentración y de memoria que mucha gente interpreta, con preocupación añadida, como un problema cognitivo.
Entonces, ¿cuándo pedir ayuda?
Una regla práctica que uso en consulta: si llevas más de seis meses con esto, si has dejado de hacer cosas que antes hacías, o si tu estrategia principal es aguantar, ya tienes motivo suficiente.
No hace falta tocar fondo. De hecho, los procesos más rápidos y con mejor pronóstico son los de las personas que consultan antes de que el problema haya organizado su vida entera alrededor.
Qué se hace en terapia
La terapia cognitivo-conductual para la ansiedad tiene un recorrido bien establecido y bastante concreto: entender el mecanismo particular de tu ansiedad, aprender a regular la activación fisiológica, poner a prueba los pensamientos que la alimentan y —la parte decisiva— recuperar de forma gradual todo aquello que habías ido dejando. No se trata de eliminar la ansiedad, que ni es posible ni sería deseable. Se trata de que deje de decidir por ti.
Este artículo tiene una finalidad divulgativa y no sustituye a una valoración profesional individualizada. Si te has reconocido en varios de estos puntos, consultar con un psicólogo sanitario es un buen primer paso.
Seguir leyendo
Todos los artículos- Trauma
Qué es EMDR y para qué sirve realmente
Se habla mucho de EMDR y se explica poco. Ni es magia ni es mover los ojos y ya está: esto es lo que realmente ocurre.
- Psicocardiología
El miedo después de un infarto: lo que no viene en el informe de alta
Te dan el alta con el tratamiento perfectamente ajustado y un miedo del que nadie te ha hablado. Es más común de lo que parece.